Sin duda que una vida con múltiples ocupaciones desplegadas ofrece a su vez más resquicios que otras (breves espacios que llamaríamos pliegues intermedios, o intermediarios, o verdaderas oportunidades).
De ahí el ánimo de sentirse prisionero, aprisionado, que surge en estas tediosas tardes de calor, cuando se permanece con las velas replegadas, esperando a que amaine, en compañía de ventiladores, hielo, aire acondicionado, piletas, todo aquello que permite que el cuerpo esté. En compañía del semejante.
Nada de resquicios, solo quicios y desquicios, que aparecen (estallan) de la nada.
Quietud, hidratación, temple, nada de sexo, poca vida nuda, escaso despliegue.
Leer biografías de otros que hayan pasado por lo mismo, es decir la penuria del semejante.