Me falta un refilón de garlopa. Tamaño brulote me hace pendenguear la fusta. Me falta un refilón y no sé bien qué costado brindarle. Sobre el más húmedo el instrumento resbala; al seco ni le entra. Mi viruta serviría, lo sé. Bien puede darse el caso en que uno no sirva para nada pero aún así la viruta y el aserrín ser fecundos. Estoy seguro que mi resto daría lugar a ciertas novedades en el mundo (“él, que parecía tan íntegro”). Suscitar sorpresa y comezón, ser una viruta entre la camisa leñadora y la espalda (vaya destino). Así como el té viene en saquitos y en hebras, podría experimentar, no digo tanto la garlopa, pero sí la hondura de una buena gubia. Sensual, prometedora, la gubia no hace distinción de humedades, pertenece a una buena familia, tan buena como la de las escofinas. Hay tipos que preferirían de una vez por todas la sierra eléctrica; tuve mis épocas de eso, pero no duraron tanto, me hice adepto a vivir de esta manera. Creo que la primera intuición la tuve con este mismo pulóver negro que me regaló mi vieja, al verme una escama de caspa en el hombro. Es cierto que la caspa no duele, y el brulote este que digo me pica tanto que la refilada sería un alivio. No pienso en las culpas ni en las duchas, con eso no se saca nada. Después de los cuarenta el pecado se hace carne, no se puede vivir sin él, y en los días de felicidad, que casi no existen, al pecado y a la culpa poxirrana en verdad se los extraña. Uno necesita verla picando en el interior, activa, mordiendo la parte más roja de la carne (aunque los órganos sean negruzcos). Es una manera de alejarla del corazón de palo, que parasite la carne. Porque la carne es cebo, la vamos entregando al agua. Cualquiera que haya vertido alimento para peces en una pecera sabe de lo que hablo. Cualquiera que haya criado conejos en medio del aserrín también lo sabe. Cualquiera que tenga carne sabe cuánto duele a veces. Lo que pocos saben es que hay que buscar una forma de desprendérsela. Abrirse de gambas, ir muriendo, dejar algo del orgullo sobre el banco de trabajo. Vendrán otros humanoides, aunque nos pese, seguramente peores y no les importará. Les dolerá cada vez menos, por ahí.
Junio 24, 2009
2 comentarios »
Canal RSS de los comentarios de la entrada.
Textos secos, claros. Siempre quiero comentarlos. Pero de qué hablan. Como una máquina de hablar, de rascarse miniaturas molestas.
comentario por Tamarit — Junio 24, 2009 @ 6:16 am |
Hablan de nosotros. Del que escribe, del que no escribe, de nosotros. No hablan, muerden.
comentario por bardamu — Junio 24, 2009 @ 11:31 am |