La vida es sorda. De nada sirve enfrentarse a la escritura en una noche sin inspiración. Hay amigos muertos, en esta noche, que ya no escriben. Hay otros desalentados, hay otros que siempre escriben lo mismo. Hay quienes preguntan: “¿cuándo vas a empezar?”. Otros reparten poesías con olor a mierda y sangre.
La vida no es simple. De nada sirve enfrentarse a la vida, con las manos en la cintura, para implorar simpleza. Vos estás enamorada del hombre equivocado. Yo estoy enfrentado a vos, con las manos en la cintura, tengo la panza como una teta de tanto comer pochoclo.
La vida no es un cine. Estos fantasmas son carnívoros comestibles. El dolby que nos prometieron sufre de distorsión. La relación señal ruido se inclina muy poco a favor de una señal. Somos proclives a desentendernos. Si fueras una mariposa tendrías los bordes de las alas aserrados, si fueses una mosca los ojos no te dejarían volar. Entrampada en una linterna, una luciérnaga que busca un saber imposible. La vida no te va a dar de saber, nunca.
La muerte no es opción. Alfombra llena de cenizas, desodorante de ambientes, es el último acomodador que nos acompaña, con una linterna sin pilas, a través de una sala llena de cadáveres en sus butacas. Una película muda, el pianista crucificado sobre el piano, los brazos extendidos y la calavera soñando sobre el do central. Un alacrán sale de sus cuencas, trepa en vertical y llega al borde del vacío; la tapa abierta lo espera para tragarlo, la única esperanza de sonido que nos queda en esta sala es que pierda el equilibrio, pero su naturaleza es resistir.
La vida es la gran desorientadora. Tiene aspecto de mujer y garras de pájaro. Si hubiese una ciencia que diese cuenta de la vida, la vida ya no sería así. Cualquier ciencia, arte, disciplina, o religión, recoge retazos de lo que llama la realidad y los enmarca en un pegote ilusionado mientras dice: “esta es la realidad”. Y entre tanto la vida desorienta.
“Vos estás enamorada del hombre equivocado”, te digo una vez más. Si miro películas es porque quiero entender: ya que la vida no es arte, ni etcétera, ni disciplina, ni religión, será un fantasma esperando a Godot, tal vez.
Del brazo de tu hombre equivocado, acercás un poco más tu cabeza soñadora a su hombro, al de ése que jamás comió pochoclo ni se mudó de tu lado; me mirás con la soberbia que da el estar del brazo del hombre equivocado y tu mirada de fantasma de lujo perfumado de Organza habla nuevamente y me dice: “querido, el equivocado sos vos”
Octubre 11, 2006
Antesala
8 comentarios »
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Implacable, e impecable. Un placer.
comentario por silvia — Octubre 11, 2006 @ 10:44 am |
Lo propio.
comentario por Silvia Sue — Octubre 11, 2006 @ 11:45 am |
“La soberbia que da el estar del brazo del hombre equivocado”. Está muy bueno eso…
comentario por pablo — Octubre 11, 2006 @ 12:11 pm |
Todas las mujeres, sin excepciones, están enamoradas del hombre equivocado (y viceversa, hombres-mujeres).
Y se podría agregar: por fortuna…
comentario por bardamu — Octubre 11, 2006 @ 6:20 pm |
Muy bueno Carlos, muy cautivante el texto, lograste un resgistro muy singular de expresion
sobre lo que desabrocha , yo pondria una advertencia al comienzo de un blog que dijera: puede estemos leyendo el escritor equivocado
comentario por Tino hargen — Octubre 14, 2006 @ 4:23 pm |
Sí, Tino, me quedo con eso: el escritor equivocado. Nada me daría más placer.
comentario por 100veces — Octubre 14, 2006 @ 4:40 pm |
Mmmm, Organza! Adoro ese perfume.
comentario por Minerva — Octubre 17, 2006 @ 2:44 am |
Me la deja pìcando.
Hace ya años. Más de veinte, quizás. Sala de cine. Noviecita muy linda, muy prolija, muy educada, muy amable, una novia Ingalls, en fin…
El piropo surgió del fondo de mi alma aventurera. Me acerqué a su cuello (disimulando los colmillos), me acerqué a su oído, y en un susurro, para que no nos escuchara la sala (la película ya había empezado), traté de decirle todo lo que tenía para decir:
- Mmmm, qué rico perfume…
- Bueno, si querés te regalo un frasco- respondió.
comentario por Carlos — Octubre 17, 2006 @ 7:51 am |