AÑADIDURAS

Noviembre 6, 2009

Archivado en: Añadiduras — Carlos @ 3:23 pm

De cómo, por qué, dónde y cuándo, nos siguen gustando las canciones simples o tontas, o arriesgadas o locas, o monocordes, o arrítmicas, o emocionantes y sabias. O canciones, nomás.
En un lugar abierto, con gente, en esta parte de América en la que se habla español.

Octubre 27, 2009

Archivado en: Añadiduras — Carlos @ 12:41 pm

Por lo bajo por lo menos le debemos algunas formas del ingenio que se hamacan, algunos personajes que vibran, varias ubres, varias luces que se encienden y se apagan, y se apagan y se encienden.

en el más allá hay formas que te cuidan; en el más acá formas desprolijas vagas apresuradas inútiles por siempre, por los siglos de los siglos inútiles como ayer por la tarde (voy punteando anteayeres hasta vos)

(recuerdo –Belano– que la poesía es la única forma que no puede prescindir de sí misma, y este giro, esta variante del recuerdo, te gustaría tanto que no lo dirías abiertamente para no engordar la vaca que nos cuida, que nos da la leche del ordeñe, de la puta santa leche del sí mismo engorde)

la vaca que te cuida: así sea, pastando, dando por la otra punta objetos estentóreos, en paisajes de luminosidad y algas sibilantes.
Demos vida a los ciclos, librémonos, por favor, de todas las culpas.
Te iremos a visitar, le acariciaremos la cabeza a una vaca tan buena, y te veremos sentado en un banquito, junto a la teta, en gran primer plano sobre los verdes, tu cuerpo leyendo abstraído sobre un banco minúsculo de ordeñe, esperando que el vaso se vuelva a llenar para vaciarlo y ojalá te deje un bigote santo y saludable que te cure de una buena vez.

Hacia atrás, hasta el momento en que te conocimos: tu respiración adelantaba algo sonaba y no las nuestras, una tuerca en los pulmones que bailaba, un sonajero, quien iba adivinar.

Octubre 25, 2009

Archivado en: Añadiduras — Carlos @ 11:52 pm

¿Cómo va por ahí un cuerpo sin carne? ¿Cómo va por ahí un alma sin cuerpo? Yo, quien no era creyente, me veo hablando a una lápida sin piedra, a una piedra sin átomos, a un átomo sin núcleo. Nos creen vaciados, pero todos los trípticos siguen adelante.
Hay un momento, el de sentarnos a juntar letras, en que recuperamos algo, pero sin embargo ya no estaremos ahí en el futuro. Tengo el raro privilegio de permanecer cristalizado; y tengo otro, tan dudoso como el primero, que es el de seguir con esto. ¿Para qué? ¿Qué hacer que no sea perpetuar la cobardía? Ahí encuentro algo que se reproduce a sí mismo, inmortal, el ser cobarde. Ahora tendré que gustarle a otros, amigo. De a poco te iré abandonado, si soy valiente, para volver a ser cobarde. Tendré inclusive que gustarle a otras. En eso consiste el dudoso privilegio. Me informan que si hay otra existencia vas a dar una señal. Debe ser un protocolo. Por supuesto que no creo en esas cosas. Pero voy a esperar, en esta nueva locura. Me parece mejor que ser sabio, o inteligente, o cauto, o existencialmente incrédulo. Somos los incautos que ponemos en palabras. Como huevos, pusimos. Existencialmente, digamos, la vida ocurre de a pares. Pero uno no puede desoldarse cuando se le antoja. Existencialmente, los tríos, los autismos, los cuádruplos, son, cada cual a su turno, mentiras piadosas. La vida ocurre de a pares, ni de a menos ni de a más. Si ser vivo es des-soldarse, cuando uno nace, cuando otro muere, son de elección la cobardía o el denuedo. Un tirón en la espalda, un estertor en los momentos de ensueño. Quedarse en casa a leer hasta que amaine. Lo pienso todos los días. No encuentro nada que me aturda mejor que programar las cosas, y nada que me entusiasme menos que los entuertos y conflictos cotidianos. Ya venía así, tal vez, no es que me falte tu agujero, esto lo sabíamos. Desoldarse, cazarse los patines, ajustar las correas, alistarse a subir sobre ruedas una cuesta empinada. Nada peor que no saber hasta cuando alcanzará el aliento, ni si volveremos hacia atrás, a ver, si por las dudas, lanzás una señal hacia el futuro, como una tuerca, valga la obviedad.

Octubre 16, 2009

Archivado en: Añadiduras — Carlos @ 1:09 am

Dolor, pena, y silencio, y bronca contra un muro. Lágrimas.
Stalker, te vamos a extrañar; toda la vida van a resonar tus dones, tu generosidad, tu sentido de la amistad. Más de una vez, o cada vez que aparezcan, veremos la tuerca volando en la misma dirección que vos le dabas. Un amigo que siempre fundó los encuentros en las ganas, y cada vez nos hizo sentir queridos y respetados.
“Dejame de escarcha, Racak”, quizás diría, a cierta distancia, como una crítica amable (siempre en favor de alguien, en mí, que no era yo). Una torsión, escurridiza, que hay que agradecer. No todos los días nos cruzamos con alguien así.
Mis respetos, Hernán.

Octubre 12, 2009

XV

Archivado en: Añadiduras — Carlos @ 10:27 pm

Llevar cualquiera es lo mismo. Son una carga. Pensá en la literatura universal como un enano tratando de asestarle un cross a la mandíbula a un peso pesado, que se derrumbaría de sólo imaginar la escena en que un enano lo toque. El Orgasmo Universal derribado por un enano con la camiseta de Adidas. La marca de las tres letras. Y por la tuya viaja un tren (¿qué es la tira del medio?, ¿para la tercera rueda?) Llevar la cuerda es lo mismo, colgando al cuello. Es como hacer el amor con una horca, la horca con etiqueta, la etiqueta pregunta quién leyó más. Obras completas del patíbulo, no las cambio por un temblor, por un color en la carne, que se ve tan roja de palmadas tristes. Ni chas chás, sale bien, de tantos libros. Por eso lo tengo al enano, dijo el esclavo, lo tengo al tuerto, dijo el jorobado, llevando y trayendo orgasmos, digo libros, la felicidad. La nuestra, sí, la mía, cómo adivinaste. La de ser espectadores. Y no entender ni jota. Yo sabía que esta novela se escribía sola, agarraba ritmo. Vos poné un enano, digo un tuerto, un jorobado, un menos, al menos, a acarrear objetos inertes llamados libros, acentuá la inercia de todo y lo que cuentes parecerá jolgorio casi tanto como la vida. Que termina en ataúdes francos, que no mienten, donde termina el acarreo. No importa lo que lleve o traiga el jorobado. Son todos objetos vinculados al saber de lo que sabe, objetos francos. Llamalo literatura, o psicoanálisis, o cine escandinavo o ruso. Llamalo frío en las venas del lado de adentro. Aunque no haya edad para volverse viejo, el que acarrea libros tiene exactamente la misma edad del que en afanosa espera los lee. No me digan que en los libros se pone el cuerpo porque es mentira. Nadie regala la mandíbula para ver qué pasa. La mandíbula es sagrada, para masticar chinelas. La carne de este país resulta demasiado tierna, ya nos iremos mudando al sol, que quizás asegure lo calcinante de los huesos. Es como cerrar la cuenta en un banco y sentir la tranquilidad, no vendrán a embargarte en una playa soleada. No vendrán a querértela meter gratis, pero sí vendrán con una soga al cuello, varios, a ver si te interesa que te la meta uno que leyó tanto, como para mearse de la emoción.

Octubre 8, 2009

Archivado en: Añadiduras — Carlos @ 12:47 am

En definitiva soy hijo del paneslavismo.

Según el libro “Kafka, los años de las decisiones” de Reiner Stach, los soldados del imperio austrohúngaro marcharon menos que escasamente dispuestos a enfrentarse con las tropas del zar.

En ésto nada que ver con los prusianos, sus circunstanciales aliados.
Queda flotando en el aire, por otra parte, la idea de que los germanos dijeron algo así como “declarémosles de una vez la guerra: vayan”.

Así es como se explica, a esta altura de la vida, que mi bisabuelo haya salido de su pequeño pueblo de Moravia, fusil al hombro, para terminar en convivencia, por años, con sus mentados enemigos, como el no poco importante herrero de un pueblo… ruso.

El libro cuenta que las rendiciones en masa –quizá sea sólo un abuso del lenguaje llamarlas de este modo– ocurrían en medio de canciones eslavas que celebraban –digámoslo de una vez como para que se entienda– la gloriosa “unidad nacional”.

En vez de vino y chicha, vodka y slivowitz; en vez de cuecas y zambas, la marcha Radetzky; en vez de locros y curantos, un buen goulasch regado con borsch.

Octubre 3, 2009

XIV

Archivado en: Añadiduras — Carlos @ 1:02 pm

Criado de criado, no de creado. Ya está, maduro, hecho, con su forma definitiva. Negatividad pura, el dorso de la hoja. El amo también, negatividad pura. El deseo como producción no acude a la cita. Ni la cita acude a la cita. Es agua de borrajas, tinta desvaída de uno y otro lado de la hoja. No puede negarse lo que se corre, lo que no se fija. Sólo puede establecerse un sólido punto de ruptura contra aquello que se define, contra aquello que se define con precisión.

Grandes frases. Redonditas.

El criado trabaja, además de estar criado. Va por su puesto de empleado del mes. De a ratos todos nos sentimos el criado, todos nos sentimos el amo. Es un gran efecto de la escritura, si logramos que más de uno se sienta representado. Vamos en busca de los efectos, vamos al parque de diversiones. Sólo basta con no volver a sentarse en una mesa, para no volver a sentir el espanto cadavérico de pensar que estoy escribiendo sobre Alguien. “Estás escribiendo sobre mí, pero no me importa” (“estás escribiendo sobre mí, pero me importa más de lo que suponía que estoy dispuesto a admitir, yo, que admito casi cualquier cosa menos un par”). El espanto cadavérico de pensar. El espanto cadavérico de estar escribiendo. Cuando, si el otro dice, “sobre mí”, “sobre alguien”, es que he tocado algún punto. Y siempre el espanto cadavérico de pensar que es el final, el punto.

El creado trabaja. Va y viene con sus libros en los brazos, tanto como les caben entre esos brazos que jamás contuvieron el llanto de una mujer, ni sus besos. Una avalancha de llantos y de besos, y de los líquidos que de una mujer se desprenden. Un duro, el creado. Un duro de esos que no tienen otra. Duros porque es la única que les entra, porque es la única que les cabe, porque es la única que les queda. Duros porque los dejan, de esos que conocen una y mil formas de pequeñas torturas y no se las guardan, como los demás que también conocen las una y mil formas y quizás alguna más y no se atreven ni siquiera a desempolvarlas. Como a todos los que pasan al acto, a ejecutar sus fantasías, la imaginación se les empobrece. Gran masturbador de la joroba de leche, concédenos alguno de nuestros deseos; podría ser que la joroba explote, de tanto no pasar al acto. Que sería “alguna vez” y ya sería tal vez mucho. Va y viene con sus libros. Va y viene. Y de la vida nada. Nada del llanto de una mujer sobre sus hombros. Nada de que una mujer se le vaya y le explote en medio de la boca. Nada de eso. Antihigiénico. Ni una vez. Un duro natural. Por fuerza de quien sabe qué estrago, que lo arrancó de raíz de la vida, y se lo llevó a los libros, al duro trajín (duro) de traer y llevarlos, de aquí para allá, sin saber lo que es una línea propia, renga.

Octubre 2, 2009

Archivado en: Añadiduras — Carlos @ 1:41 am

Á. C. :

No, no creo en mí.
Los matrimonios están llenos de certezas
Yo, que en nada estoy cierto
Soy más o menos
Loco

Octubre 1, 2009

Archivado en: Añadiduras — Carlos @ 6:55 pm

Entonces, si cierran esos sitios virtuales: ¿deberíamos creer que Heidegger y Derrida sólo escribían para ganar plata?
¿Y hablaban para qué?
Y si los cierran, todo aquello que se hubiera agregado a lo fútil, inevitable como un gajo… ¿nos será devuelto, en un conveniente paquetito, un “delivery” por cada una de nuestras casas?

¡Oh, justicia, hazte de una vez!…
pero con la metafísica, dejanos tranquilos.

(Come chocolates, pequenha;
Come chocolates!
Olha que não há mais metafísica no mundo senão chocolates.
Olha que as religiões todas não ensinam mais que a confeitaria.
Come, pequenha suja, come!
Pudesse eu comer chocolates com a mesma verdade com que comes!
Mas eu penso, e ao tirar o papel de prata, que é de folhas de estanho,
Deito tudo para o chão, como tenho deitado a vida.)

Septiembre 19, 2009

Archivado en: Añadiduras — Carlos @ 1:29 pm

Ahora me siento sobre un charco, ahora que me voy, se me hace agua la fiesta. Qué felices éramos cuando imaginábamos cartas. Yo pensaba que eras rey, y me sentaba en tu corona como si fuera una pelela. Se me hace agua la boca. El cuerpo rompe como una ola. Se hace agua la fiesta. Prefiero el silencio, la ensoñación de cuando éramos reyes. Se me caían las nieves de las canas, y éramos viejos, y el deseo es volátil y seco como las chispas. Arde. La vía alucinatoria sigue hacia otros puertos. De boca. No para. De bruces. Hubiéramos querido querer. No para. Se hace agua la boca y la nieve, que viene de adentro. Aguafiestas. Soy aguanieve. Es la puesta de sol de mi sensibilidad. La definitiva. Cumplir mi deseo, lo que faltaba, aguar la fiesta, y después callar (sigo coleccionando material para escribir, la vida, que es una farsa, en mi única versión de la vida de los otros, de quien ha estado sentado, calentando las sillas, y se levanta, y deja un vaporcito que se levanta sólo un tiempo después, como la helada, y que ha sido la vida, más vale fría y refractaria, de quien colectaba materiales para escribir, y veía la farsa ajena, y la propia, entrelazadas, no más que un rato, lo que dura una charla aburrida y tensa, y después se levanta y se va)

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